Qué me quieres, ciego niño
Tono 64 del Cancionero de Miranda. Orgánico: Tiple, [Alto], Tenor y [guion].
El tono Qué me quieres, ciego niño es el segundo de los dos que abren el bloque a tres voces sin estribillo. Está escrito para tiple, alto y tenor, así que solo lo transmiten los libretes de tiple 1º y de tenor. El texto es un romance de siete coplas octosílabas con asonancia á-o en los versos pares.
El texto
El poema es un apóstrofe sostenido a Cupido, y su interés está en el giro que da al tópico. Las dos primeras coplas son de reproche indignado, con cuatro preguntas encadenadas que le echan en cara al dios haber gastado ya la flor de los años del amante y le piden que lo deje en paz. La tercera y la cuarta plantean la hipótesis de un asalto nuevo, unos ojos bellos con los que Cupido pretendería cautivar de nuevo el alma, y la refutan con un argumento de imposibilidad material: para eso tendría antes que borrar un retrato que el alma adora y del que el corazón es esclavo. Las dos siguientes convierten la refutación en desafío, no te canses, ciego amor, ni pierdas flechas en vano, y la última cierra con un remate estoico: el amante se vuelve hacia la Fortuna y le advierte que, aunque permita que sea tan mal pagado, no puede quitarle la gloria de amar. Lo que se rechaza no es el amor, sino un amor nuevo: la resistencia del amante consiste enteramente en su fidelidad a un amor anterior, y su victoria sobre el dios está en que no le queda nada que conquistar.
La antigüedad que la forma sugiere no encuentra, en cambio, apoyo en la lengua del poema. No aparece ninguna de las formas anticuadas que en otros tonos del bloque respaldan la datación temprana. El único candidato es el que tengo solo de amarlos del verso final, con la perífrasis de obligación tener de en lugar de tener que, que a estas alturas del siglo iba quedando anticuada; pero el verso admite igualmente la lectura de de como preposición de causa, «la gloria que tengo sólo por amarlos», y en ese caso no hay arcaísmo ninguno. Los indicios de antigüedad de este tono son, por tanto, formales y musicales antes que lingüísticos.
La música
Musicalmente el tono es de una llaneza notable, incluso para el bloque al que pertenece. Veinticinco compases de ritmo ternario, armadura de un bemol y final en sol bastan para las siete coplas. La escritura es homofónica y silábica de principio a fin, con las tres voces declamando a la vez sobre la misma sílaba, y no hay un solo pasaje imitativo ni un solo pasaje contrastante entre el tiple y el tenor, algo que nuestra reconstrucción editorial asimilará por prudencia. La música se articula en cuatro frases, una por verso, separadas por silencios y cerradas con cadencias claras: la primera y la tercera en sol, la segunda en re, y la cuarta, más extensa, de nuevo en sol. La única concesión al adorno llega en esa última frase, donde tiple y alto se lanzan a un breve giro en valores menores mientras el tenor sostiene la nota, un detalle mínimo pero bien colocado, justo sobre la palabra flor de gastar la flor de mis años. Esa sobriedad, sin contrastes de compás ni juego de texturas, es coherente con el estrato antiguo al que la forma parece remitir.
La edición
Tanto la voz de alto, cuyo librete está perdido en todo el cancionero, como el guion, que la fuente no trae para este tono, son reconstrucción editorial. Como la escritura es homofónica de principio a fin, sin un solo pasaje imitativo en el que hubiera que restituir una entrada, la reconstrucción del alto se reduce prácticamente a elegir en cada acorde la nota que completa la armonía de las dos voces conservadas.
El guion se ha reconstruido como un basso seguente sobre el tenor, que canta en todos los compases, siguiendo la práctica dominante en los guiones conservados del cancionero. Lo dobla nota a nota, fundiendo sus notas repetidas: a la octava baja en las frases que rondan do4-re4 y al unísono desde los saltos descendentes del tenor (cc. 8, 13 y 20), hasta la nota final, de nuevo a la octava baja. Cuando las voces callan en el primer tiempo, suena ya en él con la nota de la entrada (cc. 7 y 12). La única cuarta sobre el bajo es una nota de paso del alto en el c. 7, en sextas con el tiple como en el c. 1.
Texto
Coplas
¿Qué me quieres, ciego niño?
¿Por qué me persigues tanto?
¿No basta, en tus devaneos,
gastar la flor de mis años?
¿Qué quieres de nuevo ahora
en un pecho lastimado?
Déjame vivir en paz,
pues conozco tus engaños.
Si con unos ojos bellos,
dulce perdición de tantos,
quieres cautivarme el alma,
borrarle cierto retrato.
Mas ¿cómo será posible
en algún tiempo borrarlo,
porque mi alma lo adora
y el corazón es su esclavo?
No te canses, ciego amor,
ni pierdas flechas en vano,
que antes perderé la vida
que mis soles soberanos.
En su clara luz divina
me requemo y me abraso;
no pienses que tus quimeras
den fin a un amor tan largo.
Aunque, Fortuna, permitas
sea yo tan mal pagado,
quitar no puedes la gloria
que tengo solo de amarlos.