Aunque diga que vivo

Tono 57 del Cancionero de Miranda. Música: Fray Felipe de la Madre de Dios. Orgánico: Tiple 1º, Tiple 2º, [Alto], Tenor y guion.

El tono Aunque diga que vivo consta de un estribillo de cuatro versos, que ocupa ochenta compases, y de un romance de seis coplas octosílabas con asonancia á-e en los versos pares, despachado en once. Se conserva completo en los cuatro libretes del Cancionero de Miranda, guion incluido.

El texto

El poema construye su paradoja sobre un uso doble de la soledad. El estribillo la da por causa de muerte, pues lo cierto es que muero de soledades, y las coplas se dedican a desmentirlo interpelando a esas mismas soledades: no pueden matar a quien tiene deseos, y el amante que vive de ellas, constante, lleva consigo con qué poblarlas. De ahí la sentencia de la tercera copla, que soledad sin deseos no lo ha padecido nadie, y la vuelta de tuerca de la cuarta, donde las soledades pasan de enemigas a maestras, ya que son ellas las que le enseñan, de lo que ama, no el rigor sino lo agradable. En la quinta el amante agradece a esa dulce compañía unas lisonjas que ningún bien alcanza a retratar, y la sexta cierra con el nombre de la dama y con la conclusión que resuelve la paradoja del estribillo: la ausencia no separa a quien sabe querer con fe.

Fuentes musicales

La atribución a Fray Felipe de la Madre de Dios se sostiene sobre un solo apoyo: la anotación del librete de guion. Ni los dos de tiple ni el de tenor dicen nada, y tampoco lo hace el otro testimonio del tono, el del Cancionero Poético-Musical Hispánico de Lisboa, que lo transmite como anónimo.

Ese otro testimonio reparte además las voces de otro modo: lo que aquí se copia en el librete de tiple 1º está allí en el de tiple 2º, y al revés, y el intercambio vale para las dos secciones. Las voces de ambos testimonios, salvo la distancia en una de las entradas del tenor y algún reparto de duraciones son prácticamente iguales. La parte del guion, sin embargo, presenta dos realizaciones distintas: en más de la mitad de los compases el bajo sigue un perfil propio en cada fuente, y donde coinciden suele diferenciarlos el grado de movimiento, porque el guion del Cancionero de Miranda repite la nota allí donde el otro la sostiene y emplea con más frecuencia valores breves. El registro y el ámbito, en cambio, son prácticamente los mismos. El texto también presenta diferencias sutiles entre ambas fuentes, que en algunos casos cambian el sentido del verso.

La música

El estribillo se abre musicalmente de manera singular: un largo solo del tenor de catorce compases en los que expone todo el material melódico del estribillo. Tras el solo entran las demás voces, que retoman el mismo material y lo desarrollan en imitación durante los sesenta y cinco compases restantes, con el texto circulando de voz en voz y repetido sin descanso hasta la homofonía de los últimos compases. Las coplas, mucho más breves, empiezan también escalonadas, con las voces entrando de dos en dos sobre soledades importunas, pero enseguida se reúnen para declamar juntas el resto del romance.

La edición

La voz del alto, cuyo librete está perdido, es reconstrucción editorial. En el estribillo, tras el solo del tenor, el alto anticipa el motivo del tiple 1º para no me crea nadie ligeramente modificado, pues ninguno de los motivos encajaría de manera literal. El patrón de entrada escalonada imitativa con convergencias homofónicas al final de frase se repite hasta el c.44, a partir del cual el alto se unirá a los tiples en las respuestas a las preguntas de tenor a solo. Esta disposición, frente a la alternativa de alto y tenor preguntando con los tiples respondiendo, encaja mejor con el caracter solista del tenor evidenciado en la primera parte del estribillo y se sostiene con las intervenciones del guion durante las respuestas que, siendo un basso seguente, no sigue al tiple 2º sino al alto perdido. En las coplas, el alto sigue al tenor a la distancia y con el material melódico con el que el tiple 2º sigue al tiple 1º en el comienzo, para luego converger todas las voces en canto homofónico.

Texto

Estribillo

Aunque diga que vivo,
no me crea nadie,
pues lo cierto es que muero
de soledades.

Coplas

Soledades importunas,
en vano intentáis matarme,
que quien tiene mis deseos
no muere de soledades.

Porque como vivo solo
de tenerlas muy constante,
mientras que ellas no me dejen,
no hay destierro que me mate.

Vosotras la causa sois
de que tantas me acompañen,
pues soledad sin deseos
no lo ha padecido nadie.

Con ellas hago dichosos
a mis pensamientos graves,
pues me enseñan, de lo que amo,
no el rigor, mas lo agradable.

A su dulce compañía
debo yo lisonjas tales
que entre males que me esconde
no hay bien que me retrate.

Sabed, en fin, que de Lises,
quien con fe quererle sabe,
a pesar de estar ausente,
no está solo ni distante.