Venturoso y rico estoy amor

Tono 41 del Cancionero de Miranda. Música: Fray Felipe de la Madre de Dios. Orgánico: Tiple 1º, Tiple 2º, [Alto], Tenor y guion.

El tono Venturoso y rico estoy, Amor es el tercero de Fray Felipe de la Madre de Dios en el cancionero, tras los números 39 y 40. Consta de unas coplas breves (cc. 1-13) y un estribillo mucho más extenso (cc. 14-98). El texto reúne cuatro cuartetas octosílabas en asonancia á-o y un estribillo de versos de medida varia.

El texto

El poema presenta una singular inversión de la temática amorosa tradicional. Frente a las habituales quejas del amante desdeñado, aquí encontramos la voz de quien ha alcanzado la plenitud amorosa y, desde esa cumbre, se dirige triunfante al propio Amor para declarar su independencia.

El vocabulario de las coplas es el del juego de naipes. El amante se declara rico porque ha ganado todo el resto en una mano: el resto es el caudal entero que el jugador arriesga, y la mano, una sola jugada. La suerte de la segunda copla prolonga la imagen, y la tercera saca de ella la consecuencia moral: el amante agradece su fortuna solo a la dicha, no a su mérito, por no peligrar de vano, puesto que, indigno aun de lo posible, hoy se halla en lo imposible. La cuarta cierra el argumento con una paradoja: no puede ser desdichado quien ya no puede desear más.

El estribillo convierte esa plenitud en despedida. El amante manda a Amor que quiebre sus flechas y apague sus rayos, porque mi pena y mi gloria / no está en tu mano. La última palabra devuelve la imagen del principio: quien le ganó a Amor el resto en una mano ya no tiene su suerte en la mano de Amor.

La música

El compositor de este tono, Fray Felipe de la Madre de Dios, alterna el compás binario de la primera sección, la de las coplas, con el ternario del estribillo. Las coplas están dichas casi de manera declamativa aunque el juego de respuestas entre las voces anticipa la textura más compleja de la extensa segunda sección. En el estribillo despliega el compositor una rica paleta de recursos que incluyen el contrapunto y un rico juego rítmico sobre palabras bisílabas.

La edición

La voz del alto, cuyo librete está perdido, es reconstrucción editorial. En las coplas, declamadas casi siempre a la vez sobre el bajo del guion conservado, el margen de decisión es escaso. En el estribillo, construido sobre entradas imitativas y repeticiones de palabras sueltas (quiebra, corre, vete), la reconstrucción es más conjetural: ha habido que decidir dónde entra el alto y qué motivo de las demás voces retoma.

Texto

Coplas

Venturoso y rico estoy,
Amor, después que he ganado
de tus mayores tesoros,
todo el resto en una mano.

Con tal ganancia la suerte
me puso en lugar tan alto
que pude llegar a donde
los deseos no llegaron.

Solo a la dicha agradezco,
por no peligrar de vano,
que, indigno aun de lo posible,
en lo imposible hoy me hallo.

No hay más gloria a que aspirar,
y así eterna dicha alcanzo,
que quien más desear no puede
no puede ser desdichado.

Estribillo

Amor, quiebra tus flechas, apaga tus rayos,
anda, vete, corre, huye volando,
que mi pena y mi gloria
no está en tu mano.