Ay, que me llevan suspiros
Tono 34 del Cancionero de Miranda. Orgánico: Tiple 1º, Tiple 2º, [Alto], Tenor y guion.
El extenso tono Ay, que me llevan suspiros alterna en sus coplas secciones a solo con una breve sección a cuatro voces. Faltan, por tanto, los versos que de cada copla canta el alto, voz perdida del cancionero, a solo. Por la anotación del guion sabemos que en la primera copla los versos del alto comenzaban por Mas no se canse. A partir de esto, planteamos una reconstrucción del texto poético de las coplas suponiendo que el alto cantaba en los 17 compases de su parte a solo tres versos: pentasílabo, heptasílabo y pentasílabo.
El texto
El conflicto del poema surge de atribuir a los suspiros un efecto contrario al deseado. Deberían detener al amante y, por ser aire, favorecen sus vuelos. Las órdenes se corrigen conforme la voz descubre otras consecuencias: se quiere frenar la partida, luego se admite que los suspiros continúen porque hacen presente al ausente y, finalmente, se acepta que lo acompañen. La oscilación del discurso responde a esa dificultad de elegir entre retener y seguir.
Las imágenes amplían el alcance del mismo problema. Al viento de los suspiros se suman los mares de los ojos, capaces de sostener una navegación; después, los suspiros brotan de volcanes y participan de la contradicción entre ardor y frialdad. Aire, agua y fuego no componen un paisaje estable: son maneras sucesivas de imaginar una acción posible sobre quien se marcha.
En el tramo conservado de la última copla, Pero más vale introduce una rectificación de fondo. El propósito de vencer la ausencia cede ante la posibilidad más modesta de ir junto al amante: los suspiros pueden seguirle en su viaje, aunque no logren impedirlo. Nuestra propuesta para los tres versos finales prolonga este movimiento con la envidia del aire que va con el ausente. Ese remate, como los demás versos suplidos para la parte de alto, ha de leerse como una conjetura editorial y no como prueba adicional de la intención del poeta.
En la reconstrucción de la primera copla continuamos la metáfora del viento. En la segunda extendemos el concepto náutico central de la copla. Para la tercera rematamos la paradoja barroca del ardor helado. Para la copla final optamos por preparar la conclusión.
La edición
Pese a que el tono no está escrito en claves altas lo hemos transpuesto una cuarta justa hacia abajo siguiendo la
indicación del comienzo del estribillo en el guion: e tãbem se dis 4a abaixo. Así mismo en la sección de coplas el
guion aclara: solos por quinto tom, os altos, os tiples, os tenores, os altos.
Texto
Estribillo
Ay, que me llevan suspiros,
al aire, al bien de mis males.
¡Ay, Dios, y qué crueldades!,
pues suspiros debían pararle
a mi amante.
Coplas a 4 y a solo
Pudieron detenerle,
suspiros, a mi amante,
pero, para que huya,
ellos le dan el aire;
porque son tales
que le soplan los vuelos
para ausentarse.
Antes no paren,
pues le hacen tan presente
cuando distante.
Mas no se canse
de seguirle en su viaje
hasta alcanzarle.
Del pecho los suspiros
y de los ojos los mares
hacen que amor o vuelva
o también que se embarque.
Las olas y aires
no son para que huyan,
mas porque paren
velas y naves;
si llevan mis riquezas,
glorias me traen.
Que se levanten
y a mi bien restituyan
vientos y mares.
Del amor los suspiros
que de volcanes nacen
en llamas que se encienden
porque no se acaben,
suspiros que arden,
a los que más consumen
más fríos hacen;
pueden constantes
hacer que amor que huye
al pecho abrase.
Ardan y abrasen,
que incendios amorosos
nieves deshacen.
Al fin, que estos suspiros
y estas finezas grandes
no pueden detenerle
los vuelos inefables;
mas que dejalde,
que ellos harán que amor
se haga constante.
Pero más vale
que al amor que hoy se ausenta
solo acompañen.
Dichoso el aire
que, llevando suspiros,
va con mi amante.