Airecillos mansos

Tono 31 del Cancionero de Miranda. Música: Antonio Marques Lésbio. Orgánico: Tiple 1º, Tiple 2º, Alto 1º, Alto 2º y guion.

El tono a 4 Airecillos mansos aparece como anónimo tanto en el Cancionero de Miranda como en el Cancionero poético-musical hispano de Lisboa. El tercero de los testimonio conservados, en la colección de villancicos de la Biblioteca Pública de Évora, es el que nos informa de su autor mediante la anotación del apellido Marques en la parte del guion y luego su nombre completo en la carpetilla (de época posterior):

Ant∞ Marques Lesbio

Fue cantado en la Capilla Real de Lisboa en la Navidad de 1681, cuyo pliego impreso lo recoge no como villancico sino como "MISSA".

Comienzo de Airecillos mansos en el pliego de villancicos de la Capilla Real de Lisboa de la Navidad de 1681

Fuentes poéticas

En cuanto al texto, la versión de Évora incluye solo las tres primeras coplas de las seis de los otros dos testimonios musicales, que a su vez omiten la última copla incluida en el pliego.

Fuentes musicales

La parte del libro de tenor de Airecillos mansos en el Cancionero de Miranda no lleva ninguna indicación específica pero su equivalente en el Cancionero poético-musical hispano de Lisboa está anotada como Alto. La voz perdida en ambos cancioneros se corresponde con el alto 1º de la versión de Évora. La parte vocal es casi idéntica en las tres versiones, con un par de notas diferentes y alteraciones que aparecen escritas en una versión mientras que en otra se asumen como semitonia subintelecta. En la parte de acompañamiento, la copia de Évora y la del Cancionero de Miranda son iguales, mientras que la del Cancionero poético-musical hispano de Lisboa presenta alguna diferencias (sobre todo cambios de octava de algunos grupos de notas pero también en cuanto al reparto de algunas duraciones).

Difusión y pervivencia

Varios versos del texto los podemos trazar a lo largo de todo el siglo XVII en diversas encarnaciones a lo humano y a lo divino. Así, los versos del estribillo:

paso, quedito,
que duerme mi niño

recuerdan aquellos que canten los músicos en la tercera jornada de El ruiseñor de Sevilla de Lope de Vega, escrita entre 1603 y 1606:

quedito, pasito, amor,
no espantéis al ruiseñor

En un villancico cantado en la Capilla Real de Madrid en 16511 encontramos tanto el paso quedito como los airecillos y no recuerde:

Pasitico, airecillos, que se duerme el Sol:
queditico, avecillas, no recuerde amor
suspended la voz
no le recordéis
ni le desveléis
ventecillos no
pajarillos no
que harto desveladico me le tengo yo

Es probable que este villancico de 1651 fuera compuesto por Carlo Patiño, pues esa autoría consta en una readaptación para el Santísimo Sacramento conservada en Canet de Mar (Au 788)2. Encontramos el mismo texto en un villancico cantado en Córdoba en la Navidad de 1665.

De nuevo en la vertiente profana, en 1662 se estrena la comedia de Calderón Ni amor se libra de amor, donde se canta:

Quedito, pasito,
que duerme mi dueño,
quedito, pasito,
que duerme mi amor.

La cancioncilla de la comedia de Calderón fue puesta en música por Juan Hidalgo (conservada en el manuscrito Gayangos-Barbieri). Este tono de Hidalgo sería reutilizado por Miguel Gómez Camargo como villancico cantado en la Catedral de Valladolid la Navidad de 1663. El mismo Camargo reelaboraría texto y música al menos tres veces más: un villancico a 8 para el Corpus de 1666, otro a 5 para el Corpus de 1677 y otro a 8 para el Corpues de 1683.

Valga como último testimonio de la enorme popularidad de estos versos y motivos citar los versos del villancico que se cantó inmediatamente antes de Airecillos mansos aquella Navidad de 1681 en el Capilla Real de Pedro II:

Quedo, paso, que el sol se duerme,
avecillas vuestros gorjeos,
fuentecillas, vuestras corrientes,
no le despierten.

Notas

  1. http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000060876 ↩

  2. Editada por Mariano Lambea y Lola Josa en https://digital.csic.es/handle/10261/156526 ↩

Texto

Estribillo

Airecillos mansos,
paso, quedito,
que duerme mi niño
y le bastan los aires
de sus suspiros.

Coplas

No me le recuerde el aire,
al amor que está dormido,
que cuando está el sol en calma
no soplan los airecillos.

¡Párese el nevado cierzo!,
porque está desnudo el niño,
y a un jazmín, el maltratarle
no es airoso desatino.

Dejen que el amor descanse,
¡párese el céfiro frío!,
que a un aire leve despierte
un cuidadoso dormido.

Véase cómo enfrenaron
los cristales sus ruidos:
no cruzan los arboledos
ni cantan los pajarillos.

¡Cómo se duermen las flores,
cómo se callan los riscos,
cómo el silencio reposa,
cómo el mar está tranquilo!

Todo le preste silencio,
que es compasivo el cariño,
pues de llorar, fatigado,
se duerme el dulce Cupido.

Airecillos, pues, dejadle,
silencio, paso, quedito,
no lo despierten los aires,
pues le adormecen suspiros.