Aflicto corazón mío
Tono 27 del Cancionero de Miranda. Orgánico: Tiple, Alto 1º, [Alto 2º], Tenor y guion.
El texto
El tono Aflicto corazón mío expresa el tormento amoroso y los celos del yo poético a través de un diálogo con su propio corazón. El empleo de paronomasias (juegos fonéticos entre palabras similares) y quiasmos, crea un efecto de circularidad que refleja la naturaleza obsesiva de los celos.
Las cuatro coplas cierran sus dos últimos versos con un eco: la palabra final repite el final de la anterior (abrase, ase y desaliento aliento; desdigo digo y desmiento, miento; locura cura y remedio medio; infamo amo y desapruebo apruebo). A menudo el eco devuelve la palabra contraria, de modo que lo que el amante niega queda afirmado dentro de la propia negación: desdice y dice, desmiente y miente, desaprueba y aprueba.
El eco es un artificio que la preceptiva de la época describe por extenso. Rengifo lo tiene por composición «rara y dificultosa, pero que da mucho gusto y contento cuando sale con perfección», y aunque dice haber visto «pocos ecos» en las coplas redondillas, los recomienda en ellas al final del verso con un ejemplo que podría servir de modelo al tono: Mi descontento es contento, / mi descansar es cansar, / mi despenar es penar, / mi desaliento es aliento. Ahí está, literalmente, el desaliento aliento de la primera copla, y entre los sonetos en eco del mismo capítulo figura también Por aplicar a su locura cura, el eco de la tercera.1 No hace falta suponer por ello una fuente directa: el propio Rengifo añadía a su silva de consonantes otra de vocablos «a propósito para esta composición», y estos ecos formaban parte de un repertorio común. Lo que la comparación sí muestra es el uso que el tono hace de ese repertorio: lleva a los dos últimos versos de cada copla la inversión que Rengifo propone para las redondillas, de modo que el prefijo des- desaparece en el eco y deja la palabra contraria (desdigo digo, desmiento, miento, desapruebo apruebo).
Su paralelo más cercano fuera de la preceptiva es el «Soneto difícil» que corre a nombre de Quevedo, también sobre el amor, en el que cada verso acaba en una palabra contenida en la anterior y que arranca con el mismo juego que la primera copla: Es el amor, según abrasa, brasa.2
La edición
La voz del alto 2º, cuyo librete está perdido, es reconstrucción editorial.
Las claves utilizadas en las partes conservadas de este tono (Superius Primus Do en 1ª, Superius Secundus Do en 3ª y Tenor Do en 4ª), se corresponden con tiple, alto/tenor y tenor/bajo. El rangos escritos en los libretes de Superius Secundus (Do4 - Do5) y Tenor (Do3 - Fa4) resultarían forzados por arriba para tenor y bassus respectivamente así que nos quedamos con la opción tiple, alto y tenor. La voz perdida ha de moverse en una zona más grave que la de superius secundus (por el orden implícito de agudo a grave) así que podría tratarse de un segundo alto o de un primer tenor.
Notas
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DÍAZ RENGIFO, Juan: Arte poética española, Salamanca, 1592, caps. LXX-LXXI, pp. 97-100. El soneto A Jesús, derramando lágrimas y sangre en su santísima Circuncisión, con el verso Por aplicar a su locura cura, está en la p. 98; la redondilla, en las pp. 99-100. ↩
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ARADRA SÁNCHEZ, Rosa María: «Los ritmos del eco. Variaciones sobre la repetición», Castilla. Estudios de Literatura, 6 (2015), pp. 205-227 (pp. 209-210 para el soneto). ↩
Texto
Coplas
Aflicto corazón mío,
¡qué llama es una que fuego,
que, por más que abrase, ase
de mí desaliento aliento!
Es dolor y no es dolor,
es incendio y no es incendio,
cuando, en fin, desdigo digo,
y, cuando desmiento, miento.
Si le conoces el daño,
¿por qué no busca tu ingenio,
para tu locura cura,
para mi remedio medio?
No, que es la cura el achaque,
la triaca es el veneno;
lo mismo que infamo amo,
lo que desapruebo apruebo.
Estribillo
¡Ay, corazón mío, cómo temo
que por más que calles, halles
que son tus recelos, celos!