Enternecido un peñasco

Tono 26 del Cancionero de Miranda. Orgánico: Tiple, Alto 1º, Alto 2º, Tenor y guion.

El tono Enternecido un peñasco se compone de cuatro coplas octosílabas y un estribillo de dos versos, con asonancia í-o sostenida en los pares y mantenida también en el estribillo: gemidos, vidrio, suspiros, castigos, alivio, delirio, riscos, oídos, pajarillo, suspiros.

El texto

Todo el poema descansa en una sola agudeza: un peñasco llora al oír quejarse a un pajarillo. La primera copla la formula apoyándose en un sentido técnico de la lengua, el de los ojos de una peña, que son sus manantiales. De ahí que el peñasco llore por dos ojos de esmeraldas, verdes de musgo, lágrimas de vidrio. La fuente que brota de la roca queda convertida en llanto, y con ella la roca en un ser que siente.

Las tres coplas siguientes van sacando consecuencias. La segunda atribuye esa compasión al castigo inmerecido que sufre el pájaro. La tercera advierte que el llanto de la piedra es cortesía, si no alivio, porque ante una peña la obstinación resulta delirio. Por último, la cuarta copla descubre para qué servía el rodeo, ya que son los riscos los que acusan a Lices, la dama, más de lo que la acusa el dolor del pájaro, porque sienten los peñascos lo que deben a sus oídos. El tópico de la naturaleza compasiva queda así invertido en reproche: si se ablanda lo más duro que hay, la dureza de la dama se queda sin excusa. El estribillo cierra sin consuelo, sobre unos suspiros que no aprovechan.

Fuentes musicales

Este tono está presente también en el Cancionero Poético-Musical Hispánico de Lisboa, y de la comparación de los dos testimonios sale una circunstancia afortunada. La pieza está escrita para tiple, dos altos y tenor, y en los dos cancioneros el librete del tiple segundo contiene un alto, pero no el mismo: el Superius secundus del Cancionero de Miranda trae el alto 1º, y el segundo librete del CPMHL (P-La 47-VI-12, ff. 30v y 31r) trae el alto 2º.

La música

De los aspectos musicales destaca su escritura imitativa de principio a fin, con un único breve pasaje homofónico (cc.9-12). Hasta las cadencias de final de sección evitan la homofonía hasta el último compás. Ambas secciones se construyen con el mismo plan. En las coplas enuncia el sujeto el tiple, le responde el alto 2º un compás después y una quinta abajo, y tres compases más tarde entran el alto 1º y el tenor en el mismo orden y a la misma distancia, el primero al unísono del tiple y el segundo a la octava del alto 2º. El estribillo repite ese modelo expositivo de voces, altura y separación. Los cruces entre el tiple y el alto 1º son frecuentes así como entre los dos altos.

La edición

Los dos testimonios son complementarios, de modo que tomando esa voz de Lisboa podemos completar el tono del Cancionero de Miranda.

Texto

Coplas

Enternecido un peñasco,
pajarillo, a tus gemidos,
por dos ojos de esmeraldas
vierte lágrimas de vidrio.

Compadecido a tu queja,
lisonja hace a tus suspiros,
que hacen, piadosas, las peñas
mal merecidos castigos.

A tus suspiros su llanto,
cortesía es, si no alivio,
que a la vista de una peña
es la obstinación delirio.

Acusar pueden a Lices,
más que tu dolor, los riscos,
porque sienten los peñascos
lo que deben a sus oídos.

Estribillo

¡Ay, triste pajarillo,
al que no le aprovechan suspiros!