Norabuena venga al mundo
Tono 16 del Cancionero de Miranda. Orgánico: Tiple 1º, Tiple 2º, [Alto], Tenor y guion.
El tono Norabuena venga al mundo pertenece al bloque inicial del Cancionero de Miranda, el de los veintidós tonos de sección única sin estribillo: veintiocho compases de compás ternario para las cuatro coplas. El texto es un romance octosílabo con rima aguda en ó en los versos pares (amor, admiró, adoración, Dios…), cuyas coplas se cierran siempre con los mismos dos versos.
El texto
El texto combina rasgos propios de la poesía devocional y de la poesía amorosa del Siglo de Oro. A lo largo de las coplas, el poeta recurre deliberadamente a un vocabulario que puede pertenecer tanto al ámbito del amor divino como al del amor humano. Expresiones como «prodigio de amor», «deidad más bella», «hermosura», «ojos», «corazón» o «adoración» mantienen durante buena parte del poema cierta ambigüedad en torno a la identidad del objeto celebrado. La mención explícita al «Niño Dios» en la tercera copla orienta inequívocamente el texto hacia una lectura devocional, pero no anula por ello el lenguaje de la lírica amorosa, sino que lo resignifica. El poema participa así de un procedimiento frecuente en la poesía religiosa del periodo, en el que imágenes y fórmulas propias del amor humano se trasladan al ámbito de lo divino.
Desde el punto de vista métrico, las cuatro coplas presentan una estructura muy regular. A los cuatro primeros versos de cada estrofa se añaden siempre los dos mismos versos finales: «Norabuena venga, venga, / venga enhorabuena el sol». Su recurrencia les otorga una función semejante a la de un estribillo, pero no forman una sección métrica independiente: son versos octosilábicos que se integran plenamente en el romance y mantienen su organización métrica y su asonancia.
La música
La música subraya, sin embargo, la singularidad de esta fórmula final. En la musicalización de los primeros cuatro versos predomina una escritura de carácter declamatorio, con las voces avanzando en buena medida de forma conjunta y con una relación bastante directa entre sílaba y nota. Este tratamiento favorece la inteligibilidad del texto y permite que las imágenes poéticas se sucedan con claridad. Al llegar a «Norabuena venga, venga», la escritura cambia sensiblemente: la frase se amplía mediante repeticiones, entradas escalonadas y superposiciones entre las voces.
La edición
La voz del alto, cuyo librete está perdido, es reconstrucción editorial. En los cuatro primeros versos de cada copla (cc. 1-16), declamados en homofonía sobre el bajo del guion conservado, el margen de decisión es escaso. En los dos versos finales (cc. 16-28) la fuente presenta emparejados al tiple 1º y al tenor, mientras el tiple 2º responde solo (cc. 18 y 24); el alto se ha sumado a esa respuesta con el mismo ritmo y el mismo texto, de modo que el diálogo se establece entre dos parejas de voces.
Texto
Coplas
Norabuena venga al mundo
aquel prodigio de amor,
aquella deidad más bella
que al mismo cielo admiró.
Norabuena venga, venga,
venga enhorabuena el sol.
En hora dichosa venga
la deidad más superior
que adquiere solo en el alma
eterna la adoración.
Norabuena venga, venga,
venga enhorabuena el sol.
Venga enhorabuena al dulce
imperio del Niño Dios
el imperio de hermosura
que domina el corazón.
Norabuena venga, venga,
venga enhorabuena el sol.
Venga enhorabuena al mundo
aquella deidad que dio
con sus ojos a lo hermoso
siempre eterna duración.
Norabuena venga, venga,
venga enhorabuena el sol.